Cómo joder un gin tonic o tu negocio, o las 2 cosas

Andrea VAM
Andrea VAM

Copywriter & Storyteller✍🏼
Huyo de los convencionalismos como de la cerveza caliente. Escribo cosas para que tú vendas. Me gustan los tacos (cocinados y hablados).

El domingo por la tarde estaba en una terraza contemplando la playa de La Concha.

Hacía una temperatura ideal. Ni frío ni calor. Chaquetita y brisa suave.

De fondo se escuchaban los violines de 3 chicas que tocaban “Hey Jude” en el paseo marítimo a cambio de unas monedas.

El cielo tenía ese color entre violeta y rojizo de justo antes de que anochezca.

Me dolían las piernas y me vibraba el corazón.

Pensé que la vida era eso y que mi único objetivo como ser humano debería ser buscar esa sensación todas las veces que me fuera posible.

Así que fui a la barra a pedir un gin tonic. Pero uno de los buenos. Sabía que me iban a dar un palo guapo, pero daba igual. Le dije a la camarera que me pusiera un G’Vine con tónica Schweppes.

Tónica sueps.

Y ella me contestó que sí a lo del G’Vine. Pero que no a lo de la tónica. Que la única tónica que tenían allí era Royal no sé qué (que sí lo sé, pero bueno).

Un poco indignada le respondí que cómo podían acompañar un ginebrón (si no te gusta me da igual, lo es) con una tónica que sabía a culo de mono enfermo. Y la chica me dijo que tenía toda la razón, que esa tónica era una santa mierda, pero que ella no podía hacer nada.

Nos reímos bastante, era muy maja y además me cargó el móvil.

A ver, puede que a ti esto de las tónicas te la sude y lo entiendo, pero yo he vivido durante mucho tiempo dentro de una coctelería porque mi pareja tenía una, y aprendí mucho de muchas cosas (algún día te las contaré), una de ellas, la importancia de la tónica y el hielo.

Normalmente la gente pide un gin tonic por el nombre de la ginebra y se olvidan de todo lo demás. Pero créeme, la tónica es lo que marca la diferencia. Y el hielo. Pero hoy estamos con lo de la tónica, así que no nos desviemos.

 

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La tónica es esa cosa esencial e invisible de la vida sin la cual todo lo demás pierde sabor.

Como esas personas que son invisibles para la sociedad, pero sin cuya labor nos sería muy complicado vivir y tener esos momentos de paz mirando la playa de La Concha.

No hace falta que te diga quiénes son.

O como esos negocios que además de hacer un producto o un servicio muy bueno, se preocupan de trasladarlo a su audiencia para hacer al producto aún más bueno, y al comprador mucho más satisfecho.

Como cuando te sirven un gin tonic con tónica sueps.

En resumen:

La tónica buena es eso que hace que lo bueno sea muy bueno y si en el bar esa tónica se llama sueps, en tu negocio se llama “copywriting que pone en valor tu producto para que tus clientes quieran comprarlo”.

Sin embargo, la tónica que sabe a culo de mono enfermo hace que lo bueno ya no lo sea tanto y que tus clientes canten “bye, bye mi picolissima” como hacía David Civera en el verano de 2003, al tiempo que cierran la ventana de tu negocio en su navegador.

Porque por muy bueno que sea lo que vendas, si se lo sirves a la gente con tónica “Royal no sé qué” es imposible que nadie en su sano juicio pueda apreciar lo bueno que es.

Y te tocará bajar precios.

Y tu imagen de marca será poco o nada reconocida.

Y no habrá más gin tonics mirando a La Concha.

Gastarse una pasta en una ginebra y comprar una tónica de mierda es la mentalidad de muchos negocios.

Por suerte, no será la tuya si haces click aquí.

Feliz día.

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