Diarios de una familia extraterrestre en Primark

Andrea VAM
Andrea VAM

Copywriter & Storyteller✍🏼
Huyo de los convencionalismos como de la cerveza caliente. Escribo cosas para que tú vendas. Me gustan los tacos (cocinados y hablados).

Hoy he tenido un sueño que da para sitcom.

Resulta que llegaba una nave extraterrestre a la tierra. Bueno, a mi barrio más concretamente.

(Ya está bien lo de que solo pasen esas cosas en Texas).

El caso es que la nave aterrizaba frente a mi casa y de ella salía la típica familia extraterrestre. Y digo típica porque su físico ilustraba a la perfección lo que la ficción piensa que es un extraterrestre: verdes, antenas, tres ojos, uniforme de tripulación.

Vale que sueño cosas raras, pero todo guarda una coherencia, no te vayas a pensar.

Bueno pues esta gente venía en plan: queremos que nos enseñéis cosas de vuestro planeta y tal. Vamos, lo que se dice «en son de paz». En plan bien.

Les apetecía ver cómo se comportan los humanos y por qué hacemos lo que hacemos. A mí eso también me gusta bastante y por eso me dedico a lo que me dedico. Lo del componente científico se lo dejo a la gente lista.

No recuerdo cómo seguía el sueño, pero si esto ocurriera de verdad, si de verdad vinieran los extraterrestres a mi casa y me dijeran “ey, muéstranos de qué va la vaina”, tengo claro a qué lugar les llevaría para que se hicieran una idea de cómo funciona el cerebro humano:

A un centro comercial.

De estos grandes, con supermercado, tiendas de todo tipo, hamburguesas de 1 euro y gente con ganas de sacar la tarjeta. Sin duda, me les llevaría a Parque Sur un sábado por la tarde. Y si pilla víspera de Navidad, pues fantasía pura.

¿Por qué haría yo algo así? ¿Qué cosa tan terrible podrían haberme hecho estos pobres seres para hacerles pasar por ese calvario?

Ninguna, pero me serviría para explicarles un comportamiento humano esencial. No sé cómo llamarlo, a mí me gusta llamarlo «el sí pero no», o el no pero sí; y está fundamentado en que prácticamente a ningún ser humano le gusta que le vendan pero a casi todos nos encanta comprar. 

Ir al Corte Inglés a mirar unos pantalones y que, oh no por favor, ahí viene la dependienta, me voy al Zara echando mistos.

(Curiosa paradoja que deberías estar usando ya en favor de tu negocio, como hace Amancio).

La cosa es que cuando la gente percibe ciertas afirmaciones como parloteo típico de la publicidad, le entran ganas de salir corriendo.

A la gente le gusta comprar, pero no les gusta que se note que intentas venderles algo con las típicas artimañas que parece que no pero sí (de ahí el nombre).

Si vas a vender algo, mira, mejor que se sepa y ya está. Pero eso de utilizar argumentos comerciales y enmascararlos para que parezcan reales y no se noten… eso canta más que una calva con el peluquín torcido.

Y provoca que la gente huya a tropel.

Si vives en este planeta, sabrás que para ganarte a alguien funciona mejor pasar de él o ella que ir detrás. A los extraterrestres esto podría hacerles gracia y yo lo entiendo.

Pero es así.

Vender como que sí, pero no, y pidiendo permiso, tiene lo mismo de sexy que Cañita Brava.

El secreto está en saber vender, pero sin vender. Es decir, que la venta sea solo la consecuencia de un discurso en el que la venta es lo de menos.

Y de eso el copywriting y una servidora tenemos mucho que decir.

¡Feliz jueves!

#godsavethecopy

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