Frases de mierda en tazas de mierda

Andrea VAM
Andrea VAM

Copywriter & Storyteller✍🏼
Huyo de los convencionalismos como de la cerveza caliente. Escribo cosas para que tú vendas. Me gustan los tacos (cocinados y hablados).

Hoy he leído una frase de esas que suelo odiar y que dice así:

“Viniste a ser feliz, no te distraigas”.

Los estados de Whatsapp son el escaparate del desahogo emocional de mucha gente y yo a veces me aprovecho de ello en este blog. Hay otros que luego venden tazas y se forran.

No sé si me da más pereza esa gente o ese tipo de frases. Sé que sabes a lo que me refiero.

Pedazos de positivismo barato que inunda las redes sociales de gente normalmente poco positiva que trata de autoconvencerse de que lo es.

Espero no adelgazar mi lista de suscriptores con semejantes declaraciones, pero correré el riesgo.

Sin embargo, he leído esa frase. Después me he puesto a hacer otra cosa. Y la frase se ha quedado ahí. Pegada a mi subconsciente como el último hit de C.Tangana.

“Viniste a ser feliz, NO TE DISTRAIGAS”.

Un gran final para una frase mediocre. Podríamos hablar largo y tendido sobre la felicidad como concepto, pero no es el objetivo de este post. Hablemos mejor de las distracciones.

Por partes.

En un principio siempre hay un motivo detrás de cualquier acción. Desde elegir lo que vas a comer, el sitio donde trabajas, si cenas o no con vino o si lees antes de acostarte.

Este motivo inicial siempre está respaldado por la percepción de felicidad, muchas veces confundida con el placer inmediato.

Veamos:

  • Un cambio de trabajo buscando mejores condiciones laborales sí persigue mejorar tu percepción de felicidad.
  • Pedirte una copa a las 5:50 (matizo: en época pre-pandemia) cuando quedan 10 minutos para que cierre el garito lo que persigue es otra cosa más relacionada con el placer inmediato. Y con las ganas de tirar 10 euros a la basura.

El punto que nos interesa aquí es el primero, el que sí se relaciona con la felicidad percibida.

¿Qué pasa cuando nos perdemos en la rutina y olvidamos ese primer motivo inicial relacionado con nuestra felicidad?

Que nos distraemos.

De repente esa acción pasa a ser algo que hacemos por inercia, sin preguntarnos por qué lo hacemos. Olvidamos el factor felicidad en pro de otros factores que suelen ser una puta mierda, como el poder, el dinero, el reconocimiento o a veces la fama o el status.

Por ejemplo.

Cuando emprendemos un negocio perseguimos lo que en nuestra mente forma nuestro ideal de felicidad. Unos emprenden para perseguir la libertad económica, otros para desprenderse de jefes, otros para disponer de su tiempo libremente, otros por pasión. Pero en todos estos supuestos la presunta idea de felicidad es la meta final.

(Me gusta hablar siempre de presunta idea, porque de lo que pensamos que es para nosotros la felicidad a lo que es, a veces hay océanos de diferencia).

Cuando emprendes, no sabes si va a salir bien o no, pero la meta es lo suficientemente jugosa como para jugársela.

Así que te la juegas.

Si todo va tal y como proyectabas en tu cabeza, tu proyecto empezará a crecer y ganarás billetes. Te cambiarás a una casa con terraza. Y cenarás Cinco Jotas cada noche en tu chaise longue.

Puede que te pegues años surfeando la ola 🌊

Ampliando el equipo. Viendo como crece tu dinero.

Distraído.

Y en un momento dado puede que pase algo o alguien que te haga darte cuenta de que todo eso que has logrado no te ha convertido en alguien más feliz.

Y que lo que pensabas que era la felicidad, en realidad era otra cosa (ya hemos visto lo fácil que es confundirla con el placer).

Por supuesto que no estoy diciendo que esto siempre sea así. Solo digo que puede pasar y que hay que estar atentos si queremos que no ocurra.

Alcanzar eso que siempre has deseado puede no convertirte en alguien más feliz.
Confundir alcanzar un objetivo con la felicidad es una cagada monumental.

Para eso es fundamental cuestionarse y olvidarse de la inercia. No distraerse con lo superfluo y pensar si eso que estamos haciendo hoy nos acerca o nos aleja de nuestra idea de felicidad. Y dar un paso atrás si es necesario.

Nunca deberías contratar un copywriter si no crees que hacerlo te pueda convertir de algún modo en alguien más feliz.

Podría ser una frase de mierda impresa en una taza, pero de verdad lo pienso.

No te distraigas pensando que es algo que tu negocio necesita. Seguro que sí lo hace.

Mejor pregúntate si contratar un copy para crear unos textos adictivos que cautiven a tu audiencia y te hagan vender mucho más para que puedas cenar Cinco Jotas en tu sofá, se parece lo suficiente a tu ideal de la felicidad.

Si es así, podemos hablar y hacernos felices juntos.

P.D: Y si te apetece profundizar en el tema de la felicidad, te recomiendo que escuches este podcast de Hambrientos que es lo puto más.

#godsavethecopy

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