Víspera de Reyes, centro comercial, ¿qué podría salir mal?

Andrea VAM
Andrea VAM

Copywriter & Storyteller✍🏼
Huyo de los convencionalismos como de la cerveza caliente. Escribo cosas para que tú vendas. Me gustan los tacos (cocinados y hablados).

Ayer pensé que sería buena idea ir a un centro comercial a comprar el regalo de reyes de mi madre.

En mi cabeza era espectacular.

Víspera de Reyes, extrarradio madrileño.

Suponía que iba a haber gente, pero también que yo sería mucho más lista que ellos.

La Operación Maquillaje (llamada así por el regalo en cuestión) se sostenía en tres líneas claras de actuación:

La primera, llegaría hasta el centro comercial atravesando lo que comúnmente denominamos poblado, en lugar de utilizando la salida directa desde la autovía. A esta maniobra la había llamado “el camino zorro”.

La segunda, aparcaría mi coche en las inmediaciones, evitando tener que bajar al parking infernal lleno de gente loca con roscones del Mercadona y compras de última hora.

La tercera, caminaría hasta la perfumería en cuestión, le enseñaría a la persona que trabaja allí la foto del maquillaje, me lo daría, pagaría lo que cuesta, y saldría de ahí echando hostias.

Lo tenía todo tan atado, tan claro, que me había permitido el lujo de quedar con mi amiga Laia después para tomar las cañas de la victoria.

(Niños que me leéis, la cerveza es un gran aliciente para afrontar todo tipo de retos. Nunca olvidéis esta gran lección de vuestra amiga y copywriter de referencia).

Sin embargo, como dicen los ingleses, shit happens.

Te cuento lo que pasó.

Salí de casa, cogí el coche, y emprendí mi camino tratando de alcanzar el centro comercial utilizando el camino zorro.

Al principio todo iba bien.

Evité un par de salidas conflictivas con colas kilométricas de coches que parecían interminables gusanos rojos 🔴🔴🔴🔴🔴🔴(para los menos astutos, lo digo por lo de las luces).

Tenía la sensación de que era pan comido. La Operación Maquillaje funcionaba como un engranaje perfecto.

Estaba tan cerca y era tan ingenua, que no tenía ni idea de que estaba a punto de tomar una decisión terrible e irrevocable.

Y fue la siguiente.

Estando a dos rotondas del centro comercial, me despisté y seguí el camino habitual sin percatarme de la fila de coches que tenía delante.

Es decir, cuando me quise dar cuenta, me había metido en uno de esos gusanos sin salida.

Mi coche era la puta cola de ese gusano resplandeciente.

Pensé que no pasaba nada, que era lógico, que no podía ser tan fácil. Al fin y al cabo, hablamos de alcanzar un centro comercial en coche dos días antes de la noche de Reyes, así que poca broma.

Respire hondo y subí el volumen de la radio del coche. Sonaba “For Sure” de Future Islands. For sure la había cagado yo.

Una parte de mí pensaba “seguro que avanzamos rápido”, la otra no paraba de repetirme que era imbécil, que había caído en la trampa y que no habría cervezas, solo lloros.

Pasaron 5 minutos y seguía en el mismo sitio.

Luego 10 y había avanzado 20 metros.

Veía el centro a lo lejos y me daban ganas de bajar del coche, salir corriendo a por el maquillaje y volver.

Total, a ese ritmo nadie se daría cuenta.

Pero no lo hice, claro.

Aguanté estoicamente dentro de mi vehículo entreteniéndome viendo las caras del resto de conductores.

Hubiera dado para una serie de fotografías que exponer en el MOMA llamada “Bad decisions”. De Pulitzer.

35 minutos después llegué a la segunda rotonda.

La opción de abandonar la Operación Maquillaje ahora era real. Solo tenía que tomar la primera salida para dejar de ser parte del gusano infernal.

Quise hacerlo, te juro que intenté girar el volante, pero no pude. Una fuerza muy superior a mí me impedía hacerlo. No te lo puedo explicar porque ni yo misma lo entiendo. Pero así fue.

25 minutos más tarde, el centro comercial engalanado con bolas de navidad gigantes y terroríficos Papa Noeles estaba ya delante de mis narices.

Si seguía con el plan inicial, tenía que encontrar aparcamiento en las inmediaciones, pero asumí que eso era algo imposible.

Al parecer un montón de personas habían tenido acceso a los datos de mi Operación Maquillaje y habían decidido copiarla para sus regalos.

El gusano me llevaba y yo estaba demasiado cansada para ofrecer resistencia. Así que cuando me quise dar cuenta entraba al parking.

El monstruo final.

Baje a la -2.

A la -3.

Baje al mismísimo infierno para darme cuenta de que estaba lleno de gente con bolsas de Zara, Primark y roscones de nata.

En eso sí que no me había equivocado.

 

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Logré aparcar gracias a que el coche de delante, un SUV muy de matrimonio joven Operación Juguettos (al que llevaba mirando el culo casi más de una hora), no cabía en la plaza que dejó libre un Mini Cooper.

Reconozco que me dio hasta pena abandonar el gusano. Hacía tiempo que no sentía que formaba parte de algo. Cosas de ser freelance, supongo.

Salí del coche y me integré en la jungla de escaparates y gente desquiciada.

A pesar de todo, estaba contenta. Aunque con notables complicaciones, la Operación Maquillaje seguía adelante.

Cuando llegué a la perfumería comprobé que tendría que superar otro gusano para poder pagar en la caja, pero no me preocupó demasiado. Era un gusano mucho más pequeño y no tenía luces. Todo bien.

Así que, me acerqué a una chica que trabajaba allí con la foto del maquillaje.

Lancôme, Teint Idole Ultra Wear, nº4.

Un nombre que jamás olvidaré.

La chica me respondió:

—Te lo busco.

Hasta ese momento no había pensado en la posibilidad de que el maquillaje no estuviera.

La Operación Maquillaje se había centrado exclusivamente en la logística para llegar al centro y había olvidado todo lo demás.

Me empecé a poner nerviosa.

La chica apareció sin nada en las manos.

Me empecé a cagar en la puta (para dentro, niños. Siempre para dentro).

—Pensaba que me quedaba uno, pero lo hemos debido vender hace un rato. Solo me queda en tonos oscuros.

Valoré muy fuerte hacerle entrega a mi madre un maquillaje que le haría parecerse a uno de esos indignos actores blancos disfrazados de Baltasar.

Pero no lo hice.

Salí de la perfumería sin creérmelo, pero tenía que asumirlo: se había acabado.

La Operación Maquillaje había sido un auténtico fracaso. Eran casi las 9 de la noche y no había conseguido nada.

Tarde para llegar a otro sitio, tarde para pedir online, tarde para la cerveza.

No sé qué me ponía más triste.

Volví a mi coche, destruida, arranqué y me instalé en un nuevo gusano para salir del centro. Era como volver a estar en casa.

Bien.

Quería compartir con vosotros esta triste historia de la que todos podemos aprender varias cosas:

La primera, comprar regalos de reyes días antes del día de reyes es digno de personas que no deberíamos tener derecho a voto. Si es tu plan para hoy, STOP. Cuanto antes asumas que eres un sinvergüenza que no se preocupa por las ilusiones de sus seres queridos, mejor. Además, siempre te quedará Atrápalo.

La segunda, da igual los planes que hagas, la vida siempre te tiene otros preparados.

La tercera, en la vida no podemos controlar todo y hay gusanos por todas partes dispuestos a jodernos el día, pero en tu negocio hay muchas cosas que puedes hacer y controlar para que la cosa vaya de la mejor manera posible.

Una de ellas, es ponerle cariño a la manera en la que comunicas tus productos y servicios.

Porque lo que ve tu público de lo que es tu negocio es eso.

Lo que tú dices de él.

En tus emails, en tus landings de venta, en tus fichas de producto, en tus anuncios.

Hacerlo diferente, hacerlo entretenido, utilizar el humor, las historias, la vida real, es garantía de ventas en un mundo en el que muchas empresas piensan que “su cliente no lee”.

(Pero tú llevas más de 1.200 palabras solo en este email).

Dicen que el que golpea primero, golpea dos veces, y ahora mismo el mundo de los negocios está viviendo esa transición.

Por un lado, los que ya son conscientes de que para vender más necesitan comunicar mejor y están invirtiendo en ello; por el otro, los que se darán cuenta cuando contemplen con asombro (y cierto grado de envidia) que la comunicación de su competencia les está dejando atrás.

¿En qué bando quieres estar tú?

Te espero al otro lado.

Feliz tarde.

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